CAPÍTULO 1 / 2
Forma parte de la trama del cuento o del capítulo de una novela
Los diferentes parlamentos, la forma, el momento y el lugar en que se dicen, influyen y provocan determinados efectos en la constitución y articulación del argumento.
Define un personaje
Es un recurso más efectivo que cualquier otro para dar vida a los personajes. Presenta de una forma clara y fácilmente asimilable los aspectos que se desean destacar. Muestra al personaje como una entidad completa: muestra algo acerca de su pasado, de sus actuales acciones y de sus futuras esperanzas.
Actúa como hilo conductor del acontecimiento principal
Los personajes cambian en el transcurso del diálogo y lo demuestran mediante la serie de parlamentos. Por ejemplo, al principio temen al enemigo; al final, saben cómo escabullirse y dominarlo. En La montaña mágica, de Thomas Mann, se puede seguir el proceso de búsqueda del protagonista gracias a las conversaciones de los personajes.
Indica los nudos argumentales
Condensa ciertos nudos del relato cuando la información principal está esparcida a lo largo de tantas páginas que el lector los pierde de vista. Entonces, mediante el diálogo se pueden reforzar estos puntos de un modo sintético y claro.
Reemplaza la acción o la representa
Un buen diálogo puede conmocionar tanto como un combate o como una escena de amor. Lo ha demostrado Raymond Chandler, cuyos personajes utilizan el diálogo como arma cuando no tienen a mano o no pueden usar una pistola. Las réplicas y contrarréplicas de su detective Marlowe, casi a ritmo de ametralladora, son siempre ingeniosas y vibrantes.
Impulsa el relato
Si llegamos a un punto en que la narración se hace lenta, densa, se detiene debido a que la voz narrativa empleada no se puede sostener durante muchas páginas porque podría resultar monótona, recurrir al diálogo es un modo de superar este obstáculo, siempre y cuando encontremos la justificación para que los personajes «hablen». En Don Quijote de la Mancha, la monotonía del constante peregrinar de Don Quijote y Sancho avanza y es matizada por el diálogo; a veces lento y expresado en largos parlamentos, a veces veloz, matizado por interrupciones y preguntas.
Complementa una acción
Como complemento de una acción, el diálogo sirve para muchas más cosas. Entre ellas:
.^ Marcar el ritmo de la acción (acelerar o ralentizar).
.^ Establecer un nivel dramático más o menos exagerado.
.^ Hacer odioso o entrañable al ejecutor de la acción.
.^ Tensionar o relajar al lector: crear todo tipo de emociones, sensaciones y matices, como atemorizar, aterrorizar, engatusar, convencer, etcétera.
Provee de pistas al lector
Advierte, promete, anticipa, siembra indicios que mantienen viva la curiosidad del lector y lo hacen cómplice de una situación a la que él «asiste».
Otras operaciones que permite el diálogo
Cambiar el ritmo en una novela
Después de los párrafos descriptivos o de la larga exposición de las acciones, introducir el diálogo nos puede permitir reconducir la atención del lector.
Revelar algo a través de los parlamentos
Los momentos clave del relato, cuando se desarrollan los nudos que sostienen el argumento, pueden concentrarse en el diálogo.
Hacer verosímil una información
Determinados datos que resultarían farragosos explicados por un narrador, resultan más leves dichos por uno o más personajes.
Destacar personajes
Crear cierta familiaridad entre algunos personajes en oposición a la relación entre otros de la misma novela o hacer hablar al que queremos destacar es una estrategia válida.
Hacer avanzar la acción
Planteado con vivacidad, el diálogo es uno de los principales cauces que permite hacer avanzar la acción narrativa. La interacción bien llevada entre los parlamentos de los personajes facilita el dinamismo.
Articular la estructura
Recurrir al diálogo para configurar en uno u otro sentido la estructura del conjunto es lo que hacen muchos escritores de distintas maneras; en ocasiones, para crear un efecto. Éstas son:
a) Como inicio.
Abrir un relato, cuento o capítulo de novela, con un breve diálogo puede crear un mayor interés sobre qué les pasará a continuación a esos «seres» que «hablaron», siempre que lo dicho tenga la suficiente fuerza o condensación.
Ejemplo:
—Es cosa de creer que oigo pisadas en el pasillo —se dijo Bernardo.
ANDRÉ GIDE, Los monederos falsos
b) Como final.
Finalizar el relato con unas líneas de diálogo es un modo de hacer partícipe al lector, de introducirlo en la situación y provocarle el deseo de opinar.
Ejemplo:
—Pues entonces, ¡no se hable más! Y ahora por el camino veremos cómo le llamamos al pozo, a la huerta y al perro que tengo pensado comprar. Y también quiero que me cuentes cómo te escapaste de la cárcel, y muchas cosas de la vida del gran Faroni, que siempre deseé saber. Por ejemplo, cuál era su comida favorita, y si usaba o no camiseta. ¿Vamos?
—¡Adelante! —gritó Gregorio, y salieron juntos a la calle.
LUIS LANDERO, Juegos de la edad tardía
c) En forma esporádica dentro de una extensa prosa narrativa.
Ejemplo 1:
El siguiente diálogo breve se alterna con extensas narraciones del protagonista y dentro del contexto inaugura una escena importante para la definición del personaje y sus sentimientos.
—¿Tienes repuestos para esta pluma?
Eso fue lo que le pregunté, sacando de mi bolsillo una pluma alemana que había comprado en Bruselas y que me gusta mucho porque la plumilla es negra y mate.
—A ver —dijo ella, y abrió la pluma y miró el cartucho casi vacío—. Me parece que no, pero espera, voy a mirar en las cajas de arriba.
JAVIER MARÍAS, Corazón tan blanco
Ejemplo 2:
En este caso, a medida que la tensión del relato crece debido al suceso principal, el autor emplea el diálogo marcando determinados hitos. Aquí, la única línea de diálogo coincide con la pregunta que se hace el lector, y alterna con un extenso discurso del narrador que comenta las conversaciones que llevan a cabo los personajes, sin escenificarlas porque versan en torno a asuntos cotidianos y detendrían la intensidad del relato.
—Pero ¿qué hará esta vez? —decía al rato el padre mirando sin duda hacia la puerta.
Y, pasados unos momentos, volvían a la interrumpida conversación.
De este modo supo Gregorio, con gran placer —el padre repetía y recalcaba sus explicaciones en parte porque hacía tiempo que él mismo no se había ocupado de aquellos asuntos, y en parte también porque la madre tardaba en entenderlos—, que, a pesar de la desgracia, aún les quedaba algún dinero del antiguo esplendor; verdad es que no demasiado, pero algo había ido aumentando desde entonces, gracias a los intereses intactos.
FRANZ KAFKA, La metamorfosis
d) En la totalidad.
El siguiente es un excelente ejemplo y evidencia mediante el diálogo los sentimientos opuestos de los integrantes de una pareja:
—Detroit al habla —dijo la telefonista.
—¿Oiga? —dijo la muchacha en Nueva York.
—¿Diga? —respondió el joven en Detroit.
—¡Oh, Jack! Cuánto me alegra oírte, cariño. No sabes cuánto…
—¿Diga? —repitió él.
—¿No puedes oírme? Pero si te oigo como si estuvieras a mi lado. ¿Y ahora? ¿Me oyes?
—¿Con quién quiere hablar?
—¡Contigo, Jack! Soy Jean, querido. Intenta oírme, por favor. Soy Jean.
—¿Quién?
—Jean. ¿Es que no reconoces mi voz? Soy Jean, querido, Jean.
—Ah, hola. Vaya, qué sorpresa. ¿Cómo estás?
DOROTHY PARKER, La soledad de las parejas
Un diálogo debe aportar siempre a las voces que lo sostienen una particularidad, una insinuación, una revelación, y nunca puede ser extraño a las acciones o los sentimientos de los personajes.
Escribir un diálogo es concretar, no divagar…
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