Nunca había sido tan puntual en mi vida, llegué varios minutos antes de la hora acordada. Estaba ansiosa, esperando algo sin saber exactamente qué. Él llegó quince minutos después. Verlo aumentó mi ansiedad. Ahí estaba él. Ahí estaba yo. ¿Qué es lo que estaba esperando?
Entramos a la sala cuando el concierto ya había comenzado. Esperé ese show durante tanto tiempo, y sin embargo no sentía disfrutarlo realmente. Él se me acercó, yo no lo evité. Paseó sus manos por mi espalda y mi cintura durante todo el recital y yo tomaba su mano de vez en cuando, intentando retener el poquito de amor que alguna vez imaginé sentir por él. Fue inútil.
Algo me impulsaba a abrazarlo, y a besarlo luego, a seguir el juego de ser amantes, teniendo en claro que todo lo que nos decíamos no tenía ninguna validez luego de esa noche. Lo besé una y otra vez, entrelazaba mis manos con su pelo, intentando retener… no supe qué.
No avancé más, ni él lo intentó, me fui cuando llegó el momento. Ya en mi casa, me acosté exhausta, me dolía la cabeza y mis pensamientos no me querían dejar en paz. Esa noche soñé con vampiros y desperté con la clara sensación de que él era uno de ellos: en cada encuentro se alimentaba de mí, se revitalizaba con mi energía, mientras yo me apagaba…
…"
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