Buenos días y muchas gracias a todos los que os toméis la molestia de leerme y ayudarme con este relato. He hecho como 3 borradores y ninguno me termina de convencer. Se trata de un relato sobre el apagón general del año pasado pero tengo un problema con el narrador, para que sonara cercano y personal el narrador tenía que estar en la sala, trabajando, pero no termina de encajar con el tono del resto de mis relatos del libro que estoy escribiendo, así que tenemos en este borrador un narrador omnisciente que, para darle un toque cercano, rompe de vez en cuando la cuarta pared.
Le he dado tantas vueltas que no sé si está todo coherentemente escrito, me chirría un poco el tiempo de los verbos y no termino de ver si he conseguido que el narrador sea omnisciente o sigue siendo un teleoperador sentado en la sala… si pudierais corregirme en este caso, darme ideas (evidentemente si hay algún error ortográfico o gramatical también) … sería estupendo.
El apagón: Desglobalizados.
28-04-2025 12:32 P.M.
La plataforma queda en silencio.
Quien ha trabajado alguna vez como teleoperador —mucha gente en su vida ha tenido que hacerlo—, sabe que el silencio en una plataforma de call center, con más de cien personas con los cascos puestos, resulta atronador. Después del murmullo constante que se mete en los oídos, en las neuronas y hasta hace que tiemblen los huesos….
—Disculpe que le interrumpa, ¿me permite su nombre para dirigirme a usted?
—Si no necesitas nada más te transfiero con una encuesta, son solo tres preguntas y para mi es importante que las respondas…
—Buenos días, ¿en qué te puedo ayudar?
El corte de las llamadas se siente como un silencio a gritos, una pérdida de los sentidos y hasta provoca cierta niebla mental. Estando así el ambiente surgen pequeñas sonrisas de medio lado, miradas de reojo, risitas nerviosas, algunos se dan la vuelta en sus sillas para verse con los de atrás.
—Se me ha cortado la llamada —dice una.
—Se ha caído internet —responde otro.
Los ordenadores y la luz se apagan; durante pocos segundos, vuelven a encenderse enseguida, algunos ni siquiera han perdido la sesión abierta.
—Pues yo sí tengo internet —comenta alguien más en la sala.
Se comienza a oír un rumor: los teleoperadores de otras plataformas comentan por WhatsApp que ellos también “han caído”.
Tono de llamada:
—Buenos días, ¿en qué te puedo ayudar?
—No tengo luz en casa —dice el cliente.
A la cabeza castaña que atiende la llamada se le ilumina una bombillita entre las neuronas: hace un momento en su oficina se ha ido la luz, pero es una compañía grande; tienen un generador de emergencia y por eso ha vuelto tan rápido…
—Creo que es una caída puntual a nivel nacional ¿sus vecinos tienen luz?
—Voy a ir a la casa de al lado, son terrenos diferentes —parece que llama de una población rural— , mi vecina tiene luz.
—Ha habido un pequeño apagón en la sala donde estoy, seguramente su vecina tendrá paneles sol…— se vuelve a escuchar el silencio ensordecedor, la llamada se ha cortado.
Disimuladamente algunos trabajadores se escapan a los pasillos sin iluminar para intentar hablar con sus familias, solo aparece un check en la app de WhatsApp, vuelven a sus puestos.
Están nerviosos, se corre la voz de que el apagón es en toda la provincia, luego en toda la comunidad, luego en toda España, alguien comenta que también en Francia. La necesidad imperiosa de comunicarse con sus familias empieza a hacerse latente, solo un check…
—¡Chicos, aprovechamos para hacer gestiones administrativas!— dice en tono alto y positivo, muy de call center, una responsable.
Pero el ambiente está enrarecido, no hay llamadas, no hay conversaciones con tono robótico de fondo, uno de los jefes sale corriendo por el pasillo seguido de los informáticos y otras personas, es urgente apagar todas las luces posibles, las del office y las del techo de la sala, además de los ordenadores que no se están utilizando, para hacer durar la batería de emergencia. Cuando algunos ya están anticipando su salida, recogiendo sus cosas para ir a buscar a sus padres mayores e hijos del colegio, ya que no hay opciones de comunicarse con nadie externo a la plataforma, el jefe de proyecto dice: «No podemos irnos, tenemos que seguir aquí, ¡somos un servicio de primera necesidad!» Un coro de susurros ininteligible corre en respuesta.
¿Cómo se puede dar un servicio de primera necesidad desde un ordenador cuando el resto del mundo ha perdido la conexión?
Una vez terminada la jornada los teleoperadores abandonan la isla de luz de su monitor para salir a una calle tranquila y bien soleada, al coger el coche ponen la radio intentando oír alguna noticia que no llega, solo hay interferencias. Las carreteras no tienen semáforos activos, curiosamente tampoco hay presencia policial en la autovía o los pueblos. Sin embargo es la circulación más tranquila, silenciosa y respetuosa de la historia moderna, hay mucha más distancia de seguridad entre los vehículos de la necesaria, todos conducen por debajo de la velocidad máxima de la vía; porque, si sucediera un accidente o el coche se averiase…¿a quién iban a llamar? Hoy no habría grúa, ni seguro, ni nadie al otro lado del teléfono o la app, porque en este momento están realmente desglobalizados.


