Al tercer martes Mozart resucitó, al cuarto Beethoven, Brahms al quinto. Solo recibían comida y atención si aplaudían las canciones de Maluma, fueron clonados para rendirle homenaje por sus veinte años de vida artística. Después de cumplir su misión: Mozart se enclaustró, Beethoven se quedó sordo y Brahms compuso himnos de arrepentimiento y resignación.
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