CAPITULO 25: ENGRANAJES EN MOVIMIENTO.
Tic-tac
Tic-tac…
¡Tic-tac! ¡Tic-tac! ¡¡TIC-TAC!!
No lleva ni 20 minutos desde que la carta se fue, carcomido por esperar un segundo más el encuentro más esperado de toda su vida. Olvidó prender el televisor para ver su programa al empezar una aventura de verdad.
—¡Maldita sea, no aguanto!
Alzar la voz hace sinopsis en el rechazo a los ruido fuertes de su tia. Al final no llega, no habla, olvidando a Mark por unos minutos. Ni eso le da tranquilidad, bajando los animos que se limitan a su interior.
20 minutos más.
Se desplomó en su cama con el punto fijo en el techo blanco igual que navidad. ¿Cuando fue la última vez que celebró esa fecha? No hay recuerdo posible de aquellas celebraciónes.
Un parpadeo lo hace desaparecer, absorbido al sueño que reducirá el tiempo (si, su mente es rara). No hay espacio para el mundo de los sueños, pues llegó la invitada.
—Que joven más vago.
Los ojos de Mark se abrieron como platos, no hubo sonido de entrada por su ventana preferida, sigilosa como siempre.
—Rumia…
Rumia no concede palabras por algo tan vago como su duda, solo debe agradecer.
—Gracias por conseguir la reunión.
Un abrir y cerrar de puerta concluye. Tan lógica como siempre, ahorrando palabras que necesitará contra una Rikan preparada.
Mark espero unos segundos, pasando saliva ante una sala que sostiene muchas emociones tan duras fuera de su alcance.
Rumia recorre el segundo piso con la observación en cada cuadro, generando un sentimiento cercano a la nostalgia de cada objeto presente en las paredes y muebles. Posicionar un dedo sobre las escaleras libera el aura llena de odio naciendo del comedor al cruzar una puerta.
Dió un sobresalto en su duro corazón con una gota de sudor, que no derrumbara a Rumia, dando el siguiente paso, otro y otro hasta el primer piso.
Los sonidos no cruzan el límite del comedor, aterrados de la sola presencia de Rikan con la mirada cerrada. Rumia atravesó la entrada, resonando el eco de casa latido contra su pecho.
—Rikan.
Ya no hay confianza en si misma, dificultando el control sobre los temblores de sus dedos en puño. La silla hizo un desliz que dió asiento a Rumia. Están cerca por la mesa, y aún así, tan lejos en realidad.
—Necesito que…
Un momento para que Mark cruce la misma entrada, avanzando por los nervios y estar entre personas superiores en cada aspecto.
Rumia lo sacaría ella misma si las palabras no hacían efecto, que sus intentos no llegan a nada.
—Si no estás conforme con su presencia te puedes largar…
—No…está bien.
Sumisión ante una decisión de Rikan, aceptando sin más escándalo.
—Bien.
La mesa es el ring donde se pelearán los argumentos mas duros del universo, dejando a Mark contra la pared para visualizar el evento.
Rumia empezó, rebajada al temor de ver a Rikan.
—¡Quiero que consiga el permiso de los mecánicos dorados!
La leyenda viviente de Loxus, los “mecánicos dorados” (3 personas abarcan ese titulo como lo mejor de lo mejor en cada generación).
Rikan cruzó los brazos de inmediato.
—¿No tienes algo más que repetir lo mismo?
—¡Usted lleva el respeto en la sangre. Nadie concederá sus habilidades si ven mi nombre!
—No tengo motivos para ayudarte, eres una niña engreída que no entiende un NO.
Rikan no se deja llevar por las ventiscas devastadoras, ella se adapta a ella. Rumia repite lo mismo de siempre, optando nuevos argumentos.
—Lamento lo que paso ese día…hasta hoy sufro con ello.
—No la uses como excusa. Ella merece estar en paz.
La silla de Rumia cae al suelo, presionando las manos contra la mesa.
—¡Pedi perdón un millón de veces. Este sueño mío nos ayudara a todos!
—“¿Ayudara a todos?” ¿Abandonar la responsabilidad nos ayudara? Quizás.
La falta de tacto mata a Rumia, perdiendo la batalla verbal…gastando la última ficha para apostar.
—Dejare todo en manos de los ciudadanos…renuncio a quien soy.
La ruleta empezó a girar como las emociones de Rikan, cambiando su punto de vista. Mark no entiende nada más que esto cambia el ritmo de la conversación.
Rikan presenta la duda.
—Rechazas…¿Tu rol?
—Si. No puedo seguir con esto, hay gente más apta.
Rikan ríe por aquella ironía.
—Tenia razón. Tu quieres abandonar las responsabilidades.
—Si lo quieres ver así…
Rikan se levanta del comedor, caminando de lado a lado por buscar una conclusión. Mark siguió sus movimientos, nunca vio tal conflicto interno en su tía.
—Lo tengo.
Ambos jóvenes esperan el veredicto final para construir el inicio de una historia que va más allá de las estrellas.
—Odio esto, te odio a ti… Deseo quemarte viva cada vez que te veo. Pero hoy, aceptaré con tal de cumplir una promesa igual de horrenda.
Eso fue rápido, para Rumia es el final de una lucha eterna con la paz. Mark celebra igual por ver que Rumia trasmite felicidad.
Rikan observa a Mark.
—Sal un momento, porfavor.
—Ah. Claro, claro.
Acepto y salió del comedor, ya obtuvo lo mejor de esta charla. Mark se alejo al piso superior, dejando espacio a la charla privada.
Rumia apoyo la frente contra la mesa.
—Gracias.
—Ningun Gracias. Hago esto con tal de que abandones a mi familia.
Rumia esperaba esa respuesta de Rikan.
—Quiero aclarar que lo hago por la nación.
—Tambien quiero aclarar algo… Si no fuera por Mark, ya te hubiera asesinado acá mismo. Eres tan afortunada como siempre.
—Odio tenerla.
Rikan no pudo contener otra risa de ironía.
—Igual de graciosa también. Pero ahora dudo de quién está frente a mi. ¿Rumia…o Miyako?
Ambas intercambian miradas distintas: rencor contra odio.


