CAPITULO 34: LO QUE DEBO HACER.

17 dias para fabricar…

La solitaria Kusa regresa de los baños fememinos para guardianes, seguida del brillo caracteristico por luna llena. Deslizar toalla suave que atraviesa una cabellera oscura descendente, tras una ducha helada como disfruta para olvidar problemas diarios.

—Fiu… me siento mejor.

Unos pocos pasos tranquilos para llegar a los dormitorios, distancia mínima hasta la suavidad y calidez de sus compañeras. Incluso sin ojos conoce los caminos al derecho y al revés, con los pensamientos internos como dominantes. Recordar a Soka ya no es tan doloroso. El tiempo es quien define lo que podrá superar, y completo el proceso a la tranquilidad sin él.

—Hola… Kusa.

Aquello que dificil se construye, facil se rompe. 2 palabras frias y presencia ingualable. Soka hizo acto de presencia en silencio.

No es posible intentar describir lo sucedido en su mente. ¿Qué se dice o hace cuando ves a quien extrañas? Romper esa barrera con la cual te protegiste, mirarlo como siempre y sentirse rara. El retumbar agresivo del pecho, dedos que no reciben sangre y la mirada de los mil reencuentros… Mientras ella lucha contra lagrimas entendibles, él desenfunda con precisión su espada. Los sentidos de guerra no se aplican cuando el corazón demanda.

—So… Soka… Soka, Soka.

Reglas claras: “eliminar amenazas” “llegar al hermano”

Metal asomado que empieza a brillar en rayos celestes, filo para rebanar gracias a una confianza ciega… Latir del corazón tenue, pecho contra pechos y abrazos de oso…

—Te extrañé, Soka… —Hoy no hubo lagrimas.

Bump-bump… Bump-bump

Veneno de cariño que pudre las flores moradas, vacilando en el control mental con facilidad. Esas raices toman un descanso para recuperar ramas perdidas. Soka regresa la espada, brazos caidos sin devolver el afecto que recibe. Abrazo cargando fuerza nacida desde el corazón, mano en nuca y barbilla sobre el hombro. Encima de todo, arriba junto a estrellas: la luna, mirada fijada por olores dulces semenjantes como desayuno mañanero los findes más agradables.

pisadas marcando distancia, ganas incontrolables por comunicar el regreso del mejor compañero existido en la galaxia.

—Debemos informar. ¡Tengo demasiadas dudas que estas obligado a responder, Sokari…

—Nadie debe verme.

Okey, eso no esperaba.

—¿De qué hablas? ¡Claro que deben verte y sepan que estas de nuevo!

—…

—Entiendo tu forma antisocial, pero deben saber…

—Nada ni nadie.

Todo lo dicho es confuso. Nadie desaparece y al regreso evita a cualquiera. Kusa aplica sus conocimientos verbales buscando sentido.

—¿Te han echo algo? Entre todos podemos solucionarlo.

—Nadie dentro es confiable… solo tú eres quien merece escuchar.

—¿Acaso has vuelto a ser un novato? Tendremos confianza pero el equipo completo es parte de nosotros.

—Que aburrida. —Una voz femenina detrás suya.

Instinto ante amenazas desconocidas. Girar sobre su eje sin pestañear y el puño contenido al punto exacto del ruido… nada, no hay nadie. observar los alrededores sin exito, volviendo a Soka. Se fue otra vez, dejando caer petalos morados que se pierden al tener contacto al suelo.

—…

Se alejo de manera voluntaria. Kusa odia a la gente arrogante, apretando puño sin ganas de volver a sufrir.

—Maldito estupido… Respiro un 50% de Soka real y el resto falso.

Busquedas llenas de genuina preocupación, noches pesadas y entrenamientos dolorosos. Con tal de obtener respuestas se debe romper limites personales, cazar de verdad a base del veneno floral.

Mushika seca la herida sobre sus nudillos, resultado de haber marcado las mejillas de Soka en un callejón cualquiera.

—Dime, querido… ¿Acaso una mujer te hace luchar contra mis bellas flores? No te libraras hasta que lo decida.

Sin quejas al ponerse de pie y mirar con su vacio habitual, ahora vacio de alma. Primer fallo en lo programado, fallo corregido y listo para actuar. Es temporada primaveral para no nacer.

—Aunque he de agradecerles. Son divertidos al ver que alguien puede hacer que las raices tiemblen, esa flor tiene espinas filosas como yo.

Dificultades tecnicas al anochecer. Han de hibernar y reparar ante sol que nace para agobiar bestias nocturnas.

16 dias para fabricar…

Pensar lo correcto no es dificil cuando la mente se enfria. ¿Quién pediria permiso si un compañero debe ser salvado? Ella es quien tomará responsabilidad de problemas mayores con motivo personal. Mientras atraviesa pasillos portando por ultima vez su uniforme de guardian. Nadie hara que cambia de opinión, simplemente debe comunicar lo elegido a quien confia. Ignora saludos como tiempo ahorrado en disminuir por milisegundos el andar.

—Sigue… sigue… sigue… sigue… —Repetir en susurros su meta.

Nudos imponentes sobre la historia detras de su compañero… Tendra muchas cosas encima, pero la corona se lo lleva los petalos que dejo tras desaparecer. Pasa de lado a Khalio sin necesidad de intercambiar la mirada más corta entre ellos.

—Nunca tuvo gusto por las flores, ni camina cerca de florerias… Esas malditas flores moradas me enferman —Hablo en voz alta.

Khalio ignora lo que no le interesa, esto entra sin problemas… no, no lo hace. Frenar ante alguien inferior a él.

—¿Has visto la flor morada? —Dijo directo a ella tras voltear.

—Eh —Lo miro de vuelta.

Tema interesante. Parece que no es la unica enferma de aquellas flores tan peculiares.