Sigo Siendo Yo
Aún me falta una pieza más, ¿dónde está?
Ayer, al volver de la arena, me ejercité como lo planeé, fue día de hombros, pero ocurrió algo más…
¿Lo leí? ¿Lo vi en algún sitio…? No, alguien me contó sobre esas cosas.
Por la tarde, comí un aperitivo, y luego… Y luego…
¡Eso es! Sí… Erina…
Sí, era eso. Por supuesto, casi me olvido. Ella me lo dijo… Ahora tiene sentido. No pasa nada, está bien…
Bien, todo está bien.
Cada respiración llena sus pulmones del frío aire de la madrugada, el vidrio de las ventanas sigue empañado con aquella humedad cristalizada. Fuera no se escucha ningún alma, a esta hora, todos están durmiendo.
Ambos están recostados en la cama, Erina duerme plácidamente a un lado, y Aiden al otro, despierto, mirando hacia la ventana.
Que mi mente se esté volviendo difusa cada vez que despierto se está volviendo más habitual de lo que me gustaría admitir.
Hacer un recuento de lo que hice el día anterior ayuda, así como narrar todo lo que digo como si se lo dijera a alguien más, pero aun así no puedo evitar lo que ocurre después. Mis párpados pesan, no siento realmente el descanso que el hecho de dormir debería darme…
¿Qué me ocurre? ¿Serán las consecuencias de que mi cuerpo aún esté sanando algunas heridas?
No lo sé, esto es irritante. Un día despierto sin problemas, y al otro me levanto como si me hubieran dado una paliza… Quizás deba bajar un poco el ritmo, descansar de verdad, solo un par de días.
Aiden voltea a ver el reloj despertador, son las 6 de la mañana. Justo después, mira hacia el otro lado de la cama, Erina no parece que vaya a despertar pronto. Aiden aprovecha que ella no está pegada a él, se quita las sabanas y se levanta de la cama.
Debería aclarar mi cabeza ahora que tengo tiempo, no debería tener la mente nublada si vamos a salir al exterior.
Aiden baja de la cama descalzo, aún vistiendo pantaloncillos cortos, sale de la habitación y se sienta en la silla que hay junto al taller improvisado. Los libros de tapa roja están apilados, uno sobre otro. Aiden toma el volumen uno.
Tiene que haber algo aquí, no puedo ser la excepción a la regla, no puedo.
No es justo.
Aiden hojea rápidamente el libro hasta llegar a la sección que busca, y allí, desliza su dedo por las páginas.
“Inicio del despertar genético y sus condiciones para heredar”
“Primeras Manifestantes Epidérmicas”
“Tasas de regeneración celular y su metabolismo en consecuencia”
Quizás aquí encuentre algo que me sirva
“… Con Marcados como sujetos de prueba, comparten un lapso de regeneración similar, en el caso de sufrir daño letal como algunos de los pacientes, bajo cuidados intensivos, requieren una cantidad de tiempo significativa compuesta de varias semanas, tres o cuatro dependiendo del sujeto”
¿Qué más…?
“… El lapso más corto de tiempo en cerrar una herida de penetración sin dañar órganos importantes ha sido de veintiséis días, plazo en el cual el tejido cerró por completo y…”
Mierda, tiene que haber algo más…
“Nuevas redes sensoriales y una percepción extrasensorial”
“Senescencia Ralentizada”
¿Quizás aquí?
“… Longevidad operativa extrema gracias a la ralentización del deterioro de los telómeros y al envejecimiento de los órganos internos…”
No, no, no…
“… Maduración física prematura, registrado en jóvenes que aún no alcanzaban la mayoría de edad. Si bien estos registros son anecdóticos, concuerdan con los datos de los marcados más jóvenes que formaron parte de las pruebas, alcanzando un crecimiento físico acelerado gracias al exceso de segregación de somatotropina (nota: hormona del crecimiento). Simplificando, alcanzan su límite de crecimiento mucho antes, un fenómeno que puede ser explicado por…”
Carajo…
“… El Marcado más longevo registrado vivió 148 años, y según las entrevistas, no sufría problemas asociados a la edad, como la Demencia o el Alzheimer. Supusimos en un inicio que un periodo de vida tan largo podría afectar su sanidad mental aún más que los humanos normales, pero incluso los Marcados de nuestra época, algunos con más de 80 años, no parecen sufrir de problemas de salud relevantes. No se puede asegurar que no sufran problemas psicológicos derivados de eventos traumáticos o…”
Nada… Nada…
“… Los Marcados sirven como el pico del potencial humano, rozando lo que conocemos como perfección. Son prácticamente inmunes a las enfermedades comunes, aflicciones por la edad, e incluso sus cuerpos no parecen seguir las leyes del tiempo, viviendo el equivalente a dos o tres vidas humanas normales. Son increíblemente saludables en cualquier aspecto atribuible a…”
No hay nada, ni siquiera en los testimonios… ¿Cómo podré saber que soy?
Y si…
No puedo creerlo. No puedo ser uno de ellos…
¿O sí…?
Aiden se lleva las manos a la cabeza.
El ruido se fue, las voces me dejaron tranquilo. Ya no siento dolor, ni tampoco estoy solo…
Entonces por qué…
¿Qué es este vacío?
Hay algo en mi interior, cada vez que cierro los ojos. A pesar de no escucharlo, puedo ver ese abismo. No me deja dormir, no me deja soñar, no me deja vivir.
¿Dónde estoy realmente?
¿Qué soy? ¿Debería creer en mis recuerdos? ¿En mi cabeza?
¿Qué cambió desde entonces?
¿Qué hice para merecer esto…?
Tal vez, solo tal vez… También morí en esa casa, y terminé por arder junto al resto…
Una voz débil se escucha desde la habitación. —¿Aiden…?
Parece que Erina está despertando.
Mierda… No, no.
Déjalo, no puedes seguir así. Aférrate, piensa, piensa… ¡Eso es!
Aiden levanta la cabeza y frota su rostro con sus manos.
¡El examen de sangre! Eso debería darme las respuestas que busco, quizás Conrad pueda decirme, quizás…
¡No! ¡No! ¡Ya tuve suficiente con todo esto!
Se levanta de la silla y respira profundamente.
Tengo una misión, tengo un objetivo, una razón. Con eso es suficiente.
Sigo siendo yo.
Aún lo soy.
Tiene que ser así…
Aiden cierra los ojos unos momentos y levanta la cabeza. Llena sus pulmones de aire, y lo tira lo más lento que puede.
Mira hacia delante, y camina hacia el cuarto.
—Oh, ¿ya estás levantado? ¿Qué hora es? —Erina arrastra la voz y se acomoda hacia un costado.
—Lo siento si te desperté, fui al baño —Camina hacia su lado de la cama.
—Aún queda algo de tiempo ¿verdad?
Mira el reloj. —Sí, quedan veinte minutos aún, aprovecha de descansar.
El despertador marca las 6:41 de la mañana. Aiden se vuelve a recostar y a cubrir con las sábanas.
La respiración de Erina se vuelve profunda otra vez, ha vuelto a dormir. Aiden cierra los ojos unos momentos, pero vuelve a abrirlos enseguida.
Mierda, no puedo hacerlo.
Voltea la cabeza hacia el lado de Erina, ella está recostada sobre su lado derecho, dándole la espalda.
Tal vez…
No… ¿Cómo podría? No soy como ella.
Mira hacia el techo.
Solo quedan veinte minutos, no es mucho, solo mantente quieto 20 minutos, y—
—¿No puedes dormir? —Pregunta Erina.
Aiden abre grande los ojos ante la pregunta, pasa unos segundos en silencio, pero responde.
—No, me cuesta dormir una vez que me levanto.
—Pobrecito… —Erina voltea por completo hacia el lado de Aiden y se acerca a él, todo con los ojos cerrados, para luego abrazarlo sin advertencia.
—¿Cómo te diste cuenta?
—Estás hiperventilando… —Posa su mano sobre el pecho de Aiden —¿Ves? Tu pecho sube y baja como si acabaras de hacer ejercicio.
—Sí… Eso parece.
—No es la primera vez, ¿verdad?
—Creo que no.
Erina arrastra la voz, está claro que está medio dormida aún, pero se esfuerza por mantenerse despierta.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro —Erina asiente suavemente con la cabeza.
—¿Cómo lo haces?
—¿Hmm? ¿Hacer qué cosa?
—Abrazarme… Recostarte junto a mí como si no fuera nada. Como si lo hicieras de toda la vida.
Erina suspira. —No lo sé, solo me nace hacerlo. Pienso, lo hago, y ya.
—Pero, ¿por qué? ¿Cómo?
Erina gruñe con suavidad. —No sé, no sé. Solo me dan ganas y ya… ¿Por qué haces tantas preguntas tontas? —Sigue arrastrando la voz.
—Solo me da curiosidad saberlo, porque yo no podría…
—¿No puedes? Tontito, es fácil. Solo piensa en lo que quieres, y hazlo. Yo no voy a huir.
¿Qué…?
¿En serio?
Pero, ¿por qué debería? ¿Lo hago por mí o por…?
—¿Y? ¿Qué es lo que quieres…? —Erina ríe suavemente —Tu corazón late muy fuerte, ¿tanta vergüenza te da?
Mierda…
Pero creo que tiene razón, no puedo temer a lo que ocurrirá. Solo hazlo.
Hacer lo que quiero…
Aiden voltea sobre su lado derecho, y con su brazo libre, abraza a Erina. La acerca a su pecho y acomoda su cabeza sobre la de ella.
—¿Ves? Es fácil. Si haces lo que quieres, es difícil que te arrepientas de algo más tarde.
—N-no es tan fácil como parece, sigo sin entender cómo lo haces.
Erina bosteza. —Estas intentando entender algo que no tiene sentido, en vez de mirar los resultados. Ya dejaste de temblar, ¿ves?
¿Temblar? ¿Estaba…?
Mierda.
—S-sí. Creo que tienes razón.
Aiden cierra más su abrazo, e intenta dormir. Su respiración se suaviza, se vuelve más pesada. Ese abismo en su cabeza ya no parece importar, al menos por ahora.
Esos cortos minutos que quedan se sienten como horas, pero al menos ambos pueden aprovechar para descansar antes de tener que enfrentarse al frío de la madrugada, a la humedad del bosque, y a lo gris de la ciudad a la que deben dirigirse.
Y así, el tiempo transcurre sin detenerse. Las copas de los árboles se encuentran calmadas, no hay brisa que las mueva, y tal vez sea para mejor, ya que el frío del bosque no perdona a nadie. La tierra se hunde bajo cada pisada, y el pasto humedece sus botas. No hay un camino claro hasta la ciudad, el mapa que les dieron solo marca un trayecto recto hacia esta, por lo que deben seguir caminando hasta que ya no queden más árboles, y la ciudad les dé la bienvenida.
Ambos, Aiden y Erina cargan con una mochila cada uno, aunque esta vez no están llenas de provisiones, solo lo esencial para un viaje de ida y vuelta en un solo día. Por eso, pueden permitirse viajar ligeros, y, por lo tanto, caminar más rápido.
—E-esto es emocionante, ¿no crees A-Aiden?
—Vaya, hasta que al fin te pronuncias.
—¿Q-qué? Es tu culpa que me haya quedado callada, te aprovechaste de una muchacha indefensa cuando aún estaba medio dormida, ¡debería darte vergüenza!
Aiden resopla entre los labios y aparta una rama de su camino. —¿Aprovecharme? Sí, claro, como si no hubieras sido tú la que me insistió.
—¡Ya! ¡Suficiente! ¿Por qué no mejor me cuentas que fue lo que te pidió Diana en el portón? —Mira hacia otro lado.
—Bueno, bien. Me pidió que busquemos algunas botellas de alcohol antiséptico y otras de jabón neutro. Según ella es porque se desplegó a un grupo grande de cazadores para explorar, y que siempre viene bien tener reservas extra.
—Ahora que lo mencionas, ha habido menos vigilantes en las puertas —Mira hacia arriba a la copa de los árboles, sus hojas siguen quietas.
—Sí, también en los entrenamientos, por eso Diana se ha dado el tiempo de entrenarme exclusivamente a mí, al menos por las mañanas.
—¿Y quiénes eran a los que entrenaba ayer?
—No son cazadores, pero se supone que están preparándose para serlo.
La densidad de los árboles va bajando, y a lo lejos, se pueden distinguir un par de edificios.
—¿Tú también serás un cazador? —Pregunta Erina.
—No sé, no me interesa unirme a ese grupito, solo quiero aprender lo que pueda sobre combate.
Erina salta sobre la raíz de un árbol. —Pero según lo que dijo Raél, parece que tendrás que contribuir como una forma de pagarles. ¿Y si te llevan a una misión?
—Pues no puedo hacer demasiado al respecto, supongo que al final se lo debemos. Aun así, sería bastante tonto incluirme en algún grupo considerando que nos iremos más pronto que tarde.
—Deberías aprovechar, ¿eh? Podrías estar en la élite, con misiones secretas y toda la onda… Imagínate los beneficios —Erina ríe.
—No me molestes… Mira, ya casi llegamos.
El olor verde y húmedo del bosque va desapareciendo poco a poco, la tierra y el pasto les dan paso a las piedras, y pronto al concreto. Los árboles quedan atrás y enormes edificios les dan la bienvenida, pero frente a ellos, hay unas murallas que separan esta parte de la ciudad del exterior.
—¿Se supone que tenemos que escalar esto? ¿O rodear todo el muro? —Erina se rasca la cabeza.
Aiden mira su mapa, y luego voltea hacia ambos lados. —Mira, allí está.
Hay un agujero en la muralla de concreto. Ambos se acercan, es suficientemente grande para que puedan entrar. Aiden echa un vistazo hacia dentro, no hay nada peligroso en las cercanías, por lo que entra al hueco. Una vez del otro lado, se da la vuelta.
Extiende su mano hacia el agujero. —Dame tu mano.
—S-sí.
Erina toma la mano de Aiden y con su ayuda, entra a través de la muralla.
—Gracias…
—No es nada. ¿Qué tal si te encargas de la navegación ahora?
—Claro. —Erina recibe el mapa.
—Bien capitana, ¿dónde estamos?
—Bueno, según esto, estamos en un área residencial pequeña. Pasando este lugar, se encuentra…
—¿El centro?
—No exactamente, lo más cercano es un área comercial, deberíamos empezar allí para evitarnos riesgos innecesarios.
Aiden hace un saludo militar en cámara lenta. —¡Sí señora!
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Erina se adelanta y golpea a Aiden con el mapa enrollado en el hombro. —No me molestes, vámonos.
Ambos se encuentran a un lado de un callejón entre lo que parecen ser un par de edificios altos de apartamentos. Aquel pasillo tiene algunos botes de basura tirados, cristales rotos, fragmentados y algunos pulverizados.
La calle se abre a un par de metros más adelante, por lo que atraviesan el callejón sin demora. Aiden se detiene en la esquina de entre los edificios para mirar a los alrededores y cierra los ojos un momento.
—¿Qué haces? —Pregunta Erina.
—Intento escuchar —Responde sin abrir los ojos.
—Oh, bueno —susurra.
Esta parte de la ciudad parece estar en completo silencio. Ni el viento, ni siquiera una pequeña mosca se pueden escuchar en las cercanías. El lugar está completamente desierto y, aunque estén en una ciudad, el olor del aire es sorprendentemente limpio.
—Bien, vamos.
Erina lo sigue de cerca.
Las calles en efecto, están desiertas. Al fondo del camino hay un par de coches estrellados en un poste y en la pared de una casa, ambos destrozados, casi parecen como si hubieran sido desarmados de un solo impacto, pero más allá de esos dos, no hay rastro de más vehículos.
—Aiden, mira, casi no hay autos por aquí.
—Sí, supongo que al menos algunos huyeron de aquí cuando todo comenzó. Me pregunto a donde habrán huido, o si llegaron lejos.
—No seas así, debe haber más personas por ahí escondidas, como en el campamento.
—Espero que tengas razón… Bueno, de nada nos sirve pensar sobre eso ahora, sigamos.
Más adelante, entre las casas, hay un camino estrecho, cerrado por los costados con vallas altas de madera. Ambos siguen ese camino, intentando evitar los caminos principales.
El concreto se ha comido casi por completo la naturaleza que antes parecía tan normal, ni una misera planta crece a través de este. Tampoco hay árboles, los patios de las casas solo son de piedra y cemento, una urbanización ahora reducida a una sombra de lo que fue.
Sus pasos resuenan a través de la ciudad desierta y se pierden de entre las altas paredes de las casas. Esos sonidos son los únicos presentes en el aire, no se puede escuchar nada más ni en las cercanías, ni a lo lejos.
—Una ciudad muerta… —Habla Aiden al doblar en una esquina.
—Sí… Si una ciudad cae, pero no hay nadie para verlo, ¿realmente cayó?
—¿Q-qué? ¿De qué hablas?
—No sé —Da un resoplido corto entre los labios.
Aiden mira hacia otro lado. —Bueno… ¿Sabes donde estamos? ¿Cuánto nos queda para llegar al área comercial?
Erina baja de la acera y extiende el mapa. —Emm… Estamos cerca, solo unas cuadras más por aquí, y giramos a la izquierda.
—Genial.
Aiden también baja de la acera, ambos caminan por el centro de la calle.
El camino se abre en intersecciones a medida que se acercan a su destino. Hay un olor extraño, va cambiando cuanto más caminan; es un olor a azufre u óxido, es difícil saber que es exactamente, o de donde proviene, pero aun así continúan. Marcas aparecen por el cemento; manchas grandes y negras, algunas rojas, como sangre seca. Arañazos en algunas paredes de casas, vallas derribadas o rotas por completo, coches accidentados, ventanas destrozadas y sus cristales esparcidos por el suelo.
Lo que sea que ocurrió aquí, fue ya hace tiempo, dejando de lado el olor y el desorden, aún no se puede escuchar ningún ruido.
—O-oye, aquí ya se comienza a ver todo feo —Erina mira a sus alrededores.
—Sí, es igual que en la otra ciudad. En este sitio se concentra más gente, no me extraña.
—¿Alcanzas a escuchar algo con tus superpoderes?
—¿Qué…? Ah, no, aún no. Con todo el tiempo que ha pasado no me extrañaría que este lugar esté más que desierto.
Ambos continúan caminando unos momentos más en el centro de la calzada, el olor a azufre se hace más intenso.
—Es aquí a la vuelta —Indica Erina al voltear a su izquierda.
El espacio se vuelve repentinamente enorme, hay mucho lugar tanto para peatones como para vehículos, y en el centro de todo, un gran agujero en el concreto, como si la tierra estuviera herida. Se acercan a ese agujero, de ahí proviene el fuerte olor. Los bordes del concreto fracturado están levantados junto con la tierra, manchados de un color rojizo oxidado. El pozo no parece tener fondo, y a pesar de lo grande que es la cicatriz, más profundo se puede ver como la tierra se ha ido cerrando, pero no por completo.
—Eri, no te acerques tanto a esa cosa.
—L-lo siento, solo tenía curiosidad. ¿Y por qué me llamas así?
—¿Así cómo?
—Así me llamabas cuando estábamos en la escuela.
—Pues no sé, se me escapó, ¿algún problema? —Aiden voltea a verla.
—N-no, es solo que me trae recuerdos. Sigue haciéndolo, tienes mi permiso.
Ambos se alejan del cráter y caminan hacia los edificios en la parte derecha de la calle.
—¿Estarán marcadas las tiendas en el mapa?
—Nop, solo las calles, eso significa que ¡tendremos que dar vueltas! ¡Oh, qué condena…!
Aiden resopla entre los dientes. —Oye, no levantes la voz.
—Uy, lo siento.
—De todas formas, Diana me pidió que eliminara a cualquier fractura que me topara. Dice que siempre traen a un escuadrón de limpieza por aquí para mantener las calles “limpias”, pero que también se infiltra alguna que otra criatura, pero nada preocupante.
Se detienen frente a una tienda de abarrotes.
—Oh, entonces ¿tendremos que luchar?
—Espero que no, pero es probable. Más te vale tener tu daga en la mano, y guarda el mapa, no lo necesitamos por ahora.
—¡Entendido!
—¡Qué no levantes la voz!
—L-lo siento.
El local es bastante grande una vez que entran, y lo primero que notan, es un fuerte olor a podredumbre. Contrasta con lo limpio que se ve el suelo de cerámica y las repisas con productos, aunque algunos de estos estén tirados.
—Ugh… ¿Tenemos que entrar aquí? —Pregunta Erina.
—No, pero quiero comer algo de basura, por primera vez en mucho tiempo. Las cosas en bolsas aún deben estar lejos de echarse a perder.
—¿Pero qué hay con ese olor? Puede que haya cadáveres…
—Lo dudo —Mira hacia los lados —. Aquí también vendían carne, eso es lo que huele mal.
—¿Y si hay alguna criatura escondida por ahí?
—Oye, ¿vamos a estar dudando de entrar a cualquier lugar? Vamos, confía en mí… Mira, allí hay dulces, quizás encuentres algo que te guste.
Aiden se adentra en la tienda sin esperar confirmación y como si el apestoso aroma estancado no le afectara. Erina, en cambio, avanza tapando su nariz.
Patea y aparta los paquetes y cajas que están tirados en el suelo al avanzar.
—Genial, siempre me he preguntado que se sentiría tomar cosas sin consecuencias.
—¿Querías ponerte a robar? —Pregunta Erina desde otra repisa.
Aiden abre un paquete de papas fritas con sabor a queso. —Que bien huele esto —Toma una porción y la devora.
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