Es 13 de octubre del 2033, yo soy Zenezervan, un poeta que camina en los caminos infinitos de las geometrías sagradas, aunque en los planos hipotéticos de mi sueño, el tiempo se trasladó por las manos de una teletransportación cuántica, hasta los cielos de los tribunales de todos los tiempos de los poetas muertos inmortales, estaba dormido en mi cama viviendo el cósmico drama, hasta que me fui a las profundidades de la nada, absorbido por cósmicos vórtices, para llegar hasta arriba en el cielo, en donde las pirámides encerraban alas gigantescas aves y abajo el diluvio programado arrasaba con las naves, vi como los bucles infinitos, se abrieron como bocas que emitían bocanadas de profecías de los cielos inextinguibles de la tecnomagia del verbo que conocía en su alfabeto de lenguajes alienígenas, mi abuelo Santiago Rodríguez, que ya había trascendido a otro plano desde 2001, me señalaba con el dedo índice, hacia donde los Arquitectos de los Cielos traían entre sus manos los lienzos al óleo de las historias del veredicto del Juez y Jurado de los tribunales de todos los tiempos. Cuando vi las pinturas de los lienzos al óleo, sentí un aire estremecedor, en estos cielos tan fríos, soñé dentro del sueño con la revelación de la explosión de los avernos atómicos que pasaba en la lejanía de las arenas blancas del Paralelo 33 en Tex-Rex, pasaron desfilando millones de hombres con las cabezas de T-Rex en los hombros por las arenas de plata de los innombrables desiertos escarlata, se abrieron desgarrándose la piel de las arenas atómicas las arenas blancas del Paralelo 33, pasaron todas las visiones programados del Omegalipsis y su heraldo que vendían el genocidio de Palestina a precio de saldo, aunque en mi mente aun corrían las dimensiones filosóficas que el tribunal de mi alma recorría, el fin de los milenios, se abrió en la última puesta de sol de aquel 31 de diciembre de 1999, los lienzos de la melancolía, se borraron intercambiándose entre eras de creación, programación, producción y los reinicios atemporales, esto hace que ahora suene la sinfonía cincelada gota a gota en las leyes máximas, hasta llover un infinito mar de lágrimas. Mi abuelo caminaba por los mundos del Reino Unido dela Muerte, me fui caminando, persiguiendo desde el centro de los soles interiores, la sentencia en la que mi tribunal del alma le pedía a mi ser: ¡Hazme más libre que un libro de poesía! En las profundidades de todos mis sueños, sentí la revelación del Código de Dios, en una extraña voz, de un tiempo veloz, que hizo que los cielos se abrieran como mares veloces sobre antiguos los imperios celestes de los símbolos veloces. Mi abuelo, se movía en los cambios de las eternidades, al parecer solo lo habían dejado comunicarse por telepatía conmigo en instantes que se hicieron eternidades que corrían en los bucles infinitos de los reinicios atemporales. Mi abuelo continuaba caminando por eternidades en el mundo de los muertos, su sonrisa trazaba secretos tiempos de los cuales aún había dejado en el libro de la vida, sus pies firmes en una tierra de infinidades desconocidas, los trazaba junto mis otros familiares que ya habían trascendido el largo camino de la lejanía de las genealogías de los soles infinitos. ¿Estoy acostándome en las profundidades del horror o del sueño?, Todos los Arquitectos de los Cielos, están observando como estoy caminando de espaldas sobre las llamas del enigma, estoy probando que la celestial milicia desdobla los cielos como un pergamino, sus letras salen como misiles de antiguas guerras psíquicas alineándose con la colisión de las geometrías imposibles del Chronus, ahí van pasando las infinitas almas de los poetas muertos inmortales que, han sentido el veredicto del Juez y Jurado de los mundos antiguos del tribunal del cielo o del atómico averno. viajando por eternidades en las metrópolis que flotan en el aire, antes de que la llama del amor, se extinguiera, antes de que el cielo naciera en el amanecer de los tiempos, aquellas almas de los poetas muertos inmortales, recitan en los jardines del presente, las eternas poesías en los rayos de diamante de un prisma tallado en el centro de las eras geológicas del devenir entre la muerte y la suscripción a la resurrección. Girando alrededor del mundo en la antigua tierra, las pirámides esconden a las gigantescas aves, el diluvio programado derrama los mares de lágrimas, en los infinitos atemporales bucles en todas las cósmicas naves. Mi abuelo se desprende de sus sueños insólitos, habla unas palabras en un antiguo idioma que hablaban los hombres libres de Teotihuacán, el hace que aparezcan negras y blancas pantallas de un filme de cósmicas batallas, todo suena como una sinfonía hecha por los planos de la mente, ahí los Arquitectos de los Cielos, llevan las ígneas rosas en las manos que se cierran como puños que destruyen mundos y crean nuevos planetas, miden cada uno de los Arquitectos de los Cielos, más de 3.000 vías lácteas, se acuestan en las profundidades del horror del sueño, ellos son los que están caminando en las historias de los lienzos al óleo, abriendo el Código del Arcángel del Plan Divino, las Tablas del Destino en los Cielos que se desenrollan como Pergamino, ya que Todo florece en el amanecer de la conciencia, esto pasa cuando ira el cronos, en los latidos de las geometrías de aquel corazón que no moría, cuando nos da la medida el Kairos, las puertas del tiempo en el regazo de los brazos que se extienden por las eternidades hechas en menos de sesenta segundos, todas las constelaciones duermen y sus sueños se hacen un oculto imperios celestes. Mi abuelo me señala con el dedo índice, bajo un límpido cielo azul sin nubes, una trasmisión del imperio oculto de los sueños, hecha con la telemetría de un sol que resplandece sobre unos verdes campos de verano, corren los perros en las dimensiones filosóficas, una aguja se inserta en el vocablo de los proyectos secretos del Omega, el aire pasa silbando una eterna poesía en los labios del suenan en los átomos del aire, suenan las canciones antiguas de la época de oro del cine mexicano, en los múltiples multiversos paralelos, la cabalgata de la muerte sin rostro acelera las partículas del juez y jurado de los tribunales de todos los tiempos, suenan antiguas guerras psíquicas en el domo de la tierra, la muerte de hielos es vencida por el tribunal del libro de la vida.

Abuelo Santiago Rodríguez: ¿Qué es el tiempo en el tribunal del alma?

Zenezervan: Son las dimensiones filosóficas en la que el tribunal del alma recorría el veredicto de hacerse más libre que un libro de poesía abuelo.

Abuelo Santiago Rodríguez: Si el hombre es libre que es lo que hace que sea prisionero del mundo a veces.

Zenezervan: Es una ilusión del sol forastero y su tablero de ajedrez, donde ellos hacen de su ley su juez.

Abuelo Santiago Rodríguez: ¿En este mundo el hombre está vivo o muerto, para escribir un mensaje más allá de los tribunales especiales de la muerte?

Zenezervan: Lo cantaré en una eterna poesía, para que se cierran los ciclos de la suscripción a la resurrección de los poetas muertos inmortales. Es el veredicto del inicio del juicio del reinicio delos tribunales de todos los tiempos.

En los latidos de las geometrías de aquel corazón que no moría, el renacer está en el dedo índice que señalaba en la sagrada geometría, recito en mi boca que lo que flota en mi mente es la eterna poesía, ante el véspero cercenado en los planos de la memoria, en el reino unido de la muerte será tu última victoria, andarás caminando por los cielos eternos de la gloria.