Capítulo 7 - Porcelana blanca

“Amo las tazas”

En contraposición a mi último blog, hoy traigo “amo las tazas”, aunque debo decir que es más una confesión que una anécdota.

Desde que era adolescente he tenido una rara apreciación por las tazas. En especial las de porcelana blanca.

Mi madre es de descendencia latina, siempre tenía muchas lozas en la vitrina, era de familia ser algo supersticiosa con ellas. Saben eso de que si las rompes tendrás mala suerte.

A los 15 entendí a qué se refería… no hablaba de mis gustos por aquellos tiempos, temía que por su naturaleza se me juzgara, cosa de adolescentes supongo.

A veces, en mi tiempo libre, mientras ellos estaban fuera de casa, sacaba mi taza favorita, una taza de Espresso pequeña y redonda, el interior era azul profundo que parecía una capa de caramelo.

Mientras estaba perdido en el hermoso color que en mi iris se reflejaba escuché el pestillo. Se suponía que mi madre no estaría ahí a esa hora, pues iba con sus amigas después del trabajo.

Mientras la taza estaba suspendida en el aire, recordé lo que había olvidado… era mi cumpleaños.

La cara de sorpresa de mi madre y de Vicki, quien venía detrás con un pastel, me dejó pasmado, el ruido de la taza me despertó, la había roto.

Miré hacia abajo e intenté recoger los pedazos pero no había nada que hacer.

Aún recuerdo su forma y su color, y aún no encuentro su reemplazo. Luego de muchos castigos, empecé a coleccionarlas a escondidas. Primero con algunos Pozuelos de la tienda que frecuentaba en la calle diez y luego fui más lejos y compré tazas grandes.

No las usaba pero decoraban mi habitación, estaba feliz pero poco a poco me di cuenta de algo… todas eran porcelana blanca.

No había ninguna taza con diseño extravagante o caramelo dentro, solo blanco… entonces me pregunté por qué.

Por un tiempo no tuve la respuesta hasta que un día Vicki visitó mi cuarto sin antes consultarme… quedé sorprendido al verla sentada en mi cama observando las tazas escondidas en mi cajón.

Sonreía, así que no me importó aunque en el fondo me sintiera avergonzado, tanto tiempo escondiéndolas y fui descubierto tan fácilmente… pensé que lo divulgaría.

Al fin y al cabo solía hacerlo para molestarme al igual que yo lo hacía. Pero, en vez de eso, Vicki tomó mi primera taza y la observó durante mucho rato y me hizo esa pregunta.

“¿Por qué solo porcelana blanca?”

Por dentro estaba hecho un lío, no sabía qué responder a algo que incluso yo me había preguntado. Pero al ver su rostro no pude solo quedarme callado. Bajé el rostro y comencé a hablar sin cesar.

—Eh, hmm, sabes, yo creo que las tazas tienen historias, cuando las veía en las tiendas sentía que todas me hablaban… pero cuando estaba en el pasillo de la porcelana blanca—

—¿Qué? —me asusté por un momento pero levanté el rostro con ojos llorosos.

—Ellas no hablaban… era silencioso.

—¿Por qué?

—Creo que al no tener diseños… vuelven la vida del dueño su historia… mis recuerdos con ellas son su historia, cada rasguño y cada mancha.

Incluso yo me sorprendí con mi respuesta, Vicki devolvió la taza cuidadosamente a mis manos y mientras yo rodeaba la taza, ella rodeaba mis manos.

Me miró a los ojos y sonrió.

—Sebastián, espero que puedas darle mucha historia, ya que es algo que amas, no lo dejes ir y no te avergüences de ello.

Dichas palabras siempre me acompañan incluso hoy donde tomo Espresso en aquel Pozuelo que ahora está agrietado por el tiempo.

Tantos recuerdos en un solo objeto solo me hacen querer decir que yo:

Amo las tazas.