LA CARTA
Por fin la jubilación llegó tras treinta años trabajando en la construcción. Jul quería poner en orden el tramo final de su vida. Solía alardear de que después de muchos sacrificios, no debía nada al banco, aunque no tenía mucho más de lo que presumir.
La papelera estaba a rebosar de bolas de papel. Jul miraba al infinito con la vista fija en la pared. Se puso a teclear lentamente, reafirmando lo que quería decir. En cada golpe, en cada sílaba, en cada palabra.
Se recostó y miró al techo, hizo girar la silla con energía, quiso sentir el vértigo físico que ya removía su interior. Paró la silla en seco y se incorporó apoyando los codos en la mesa. Sacó el folio de la máquina de escribir. Lo volvió a leer y esta vez no lo arrugó.
—Por fin la terminé —pensó—. La guardaré donde nadie la pueda leer, ni tú ni nadie debe saberlo. Que te desheredé.
5-9-1976
Siempre pensé que vivirías más que yo. Cuando leas esto, lo más probable es que ya no esté. Lo siento mi amor, por más que lo he intentado… Nunca te perdoné.
No debiste vender mi moto sin avisar.
JUL


