Un hombre navegaba solo en medio del mar cuando empezó a escuchar una hermosa melodía. De repente, un cuervo le sorprendió volando por encima suyo. Por extraño que pareciera, aquel cuervo tenía el canto más hermoso que jamás hubiera escuchado.

El hombre se quedó embelesado escuchándolo, y sin pensarlo, empezó a remar en la misma dirección que el pájaro cantor, siguiéndolo allá donde fuera.

Después de casi una hora remando siguiendo su hermoso canto, el hombre llegó a una preciosa cala rocosa de aguas poco profundas. El agua era tan cristalina, que casi se podía ver a tres o cuatro metros el fondo del mar.

El cuervo se posó en una de las rocas para descansar las alas, y el hombre se adentró en la cala, encallando el bote justo en la misma roca para estar lo más cerca posible de él.

Poco después, la melodía empezó a sonar muchísimo más hermosa, cautivante e hipnótica.

El hombre, que no apartaba la vista del cuervo, observó que su pico ahora permanecía complemente cerrado, sin moverse ni un ápice. ¿En qué momento el pájaro había dejado de cantar? ¿Y cómo era posible que el hermoso canto siguiera sonando? No había ningún otro pájaro allí.

Fue entonces cuando entendió, que la hermosa melodía provenía realmente de otro ser, y que aquel cuervo solo había estado imitándola hasta llegar a ese lugar. Pero, aún siendo consciente de lo extraño de aquello, no le importó lo más mínimo.

De repente, las aguas empezaron a agitarse y el bote empezó a tambalearse, mientras la hermosa melodía sonaba cada vez más cerca y más hipnotizante.

No tenía sentido, debería sentirse asustado, pero no lo estaba en absoluto. Jamás había escuchado nada tan hermoso. Se sentía en el mismísimo paraíso, y esa maravillosa sensación era mil veces superior a su instinto de supervivencia.

Finalmente, un extraño e imponente ser salió a la superficie. Su cabeza era casi el doble de grande que la de una persona, tenía la piel grisácea y unos enormes ojos negros. Su nariz era plana, casi inexistente, y en el cuello, tenía lo que parecían unas branquias.

La criatura tendió su mano al navegante, una fina membrana unía sus huesudos y largos dedos. Él, ignorando su aspecto, totalmente hipnotizado por su canto, aceptó y extendió su brazo. Fue entonces cuando, con casi la mitad de su cuerpo asomando fuera del bote, miró instintivamente hacia abajo.

A través de las aguas cristalinas observó algo extraño, parecían grandes rocas ovaladas. Espera, no, no eran enormes rocas, eran botes. Varias barcas y botes yacían hundidos a tres metros debajo de él.

En ese momento, la criatura dejó de cantar y agarró al hombre de la muñeca con fuerza. El hombre, saliendo por fin del trance, gritó del pánico y luchó por zafarse de aquella cosa.

En aquel momento, el monstruoso ser volvió a abrir la boca, pero esta vez, no fue para cantar. Aquella cosa comenzó a hablar en un extraño idioma, pero por alguna inexplicable razón, el hombre, en su mente, entendió todas y cada una de las palabras que le dijo:

—Últimamente pasan menos navegantes y pescadores por aquí, así que mi fiel ayudante te ha traído hasta mí. Tengo hambre, pero hoy me siento generosa. A mi cuervo no le iría mal algo de compañía y ayuda en su labor. Así que te daré a escoger; Te convertirás también en mi fiel siervo. Volarás rastreando el mar en busca de nuevas presas y me las traerás. O, si lo prefieres, te convertirás en mi alimento y serás tú quién sacie mi hambre ahora. Tú decides.

El hombre gritó con todas sus fuerzas, completamente en pánico y luchando por zafarse, pero era inútil, era como intentar luchar contra la fuerza de diez hombres juntos.

—Se me agota la paciencia ¡Decide! —Escuchó de nuevo las palabras de aquel horrible ser rebotando en su cabeza.

Finalmente, la criatura se abalanzó sobre el hombre, abriendo la mandíbula de par en par y mostrando una multitud de dientes afilados, que cubrían todo el paladar de su enorme boca. Y justo en ese momento, el hombre, por fin, decidió.

Días después, otro navegante pasó por esa misma cala. Dos cuervos descansaban posados en las rocas, observándolo.

SILVIA EZQUERRA
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