Libro: RELATOS ATROCES VOL.1 de Marte Hbk / EL ESCRITOR DE LOS SINIESTROS

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ABDUCCIÓN PERVERSA —¡Apagad las luces! —vociferé—. ¡Si no tenéis nada que hacer, venid mañana a primera hora!

La claridad que inundaba mi habitación persistía con una intensidad antinatural. No hubo respuesta.

—¿Quién diablos será? —mascullé.

Decidido a confrontarlos, abandoné el cuarto. Incluso con las cortinas cerradas, una luz blanca se filtraba por las rendijas. Bajé a la primera planta armado con un bate de béisbol y desaseguré la puerta principal. Al abrirla, el resplandor me golpeó como un muro físico; era tan potente que me irritaba los ojos. Sostener la mirada por más de cinco segundos resultaba imposible.

—¿Qué queréis de mí? —grité de nuevo—. ¡Llamaré a la policía!

Saqué el celular del bolsillo, pero el aparato estaba muerto. De repente, un sonido robótico, agudo y vibrante, me dejó paralizado en el umbral. Mientras los segundos se estiraban como chicles, mi cuerpo comenzó a elevarse, succionado por aquel foco de luz que flotaba a diez metros de altura.

El desmayo llegó como un apagón de consciencia. Cuando abrí los ojos, el mundo había cambiado.

El lugar parecía una celda futurista, una habitación aséptica, blanca y cegadora. No había muebles, ni puertas, ni bombillos visibles; la luz parecía emanar de las mismas paredes. El aire era pesado, antiséptico. Mi estómago se revolvió y no pude evitar el vómito. Lo más inquietante fue ver cómo el suelo absorbía el fluido al instante, como si fuera una esponja viva. Aquella tecnología me dejó petrificado.

De pronto, unos orificios aparecieron en el techo y liberaron un gas incoloro. No pude resistirme a los encantos de Morfeo; el sueño me venció casi al instante.

Desperté en un sitio distinto, hostil y oscuro. En el techo, las luces oscilaban entre tonos amarillos, azules y rojos, formando patrones pixelados. Figuras extrañas, similares a jeroglíficos antiguos, se proyectaban en las paredes, brillando con una intención críptica. Estaba desnudo, inmovilizado de pies y manos sobre una camilla metálica. El terror me recorría la espalda.

Frente a mis pies, una sección de la pared se materializó con un zumbido digital. Se abrió como una compuerta, revelando a dos seres de estatura colosal y apariencia reptiliana. No llevaban ropa y carecían de órganos genitales visibles. Se acercaron lentamente mientras la puerta se sellaba tras ellos, desvaneciéndose sin dejar rastro.

—¡Por favor, perdonadme! —supliqué con la voz quebrada—. ¡Dejadme ir! ¡Lamento haberos insultado cuando aparecieron en casa, lo siento!

No dijeron palabra alguna. El ser de ojos grises introdujo su mano en mi vientre; no desgarró la carne, sino que la atravesó como si fuera humo. El otro, de ojos azules, se limitaba a observar con frialdad. En su muñeca, una pulsera dorada con cuarzos incrustados pulsaba con una luz tenue; supuse que aquel adorno era lo que permitía manipular la materia y desmaterializar mi cuerpo.

El dolor era atroz, una tortura silenciosa. Por desgracia, el shock no me permitió perder el conocimiento. Mis gritos no fueron suficientes; a ellos no les importaba mi agonía. Solo pude cerrar los ojos, rogando a la oscuridad que esta pesadilla terminara de una vez por todas.

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👁️ Este relato forma parte de la antología RELATOS ATROCES VOL. 1. Si quieres leer la colección completa o seguir mis obras en otras plataformas, visita mi perfil o búscame en Wattpad.